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Desde el Faro: La Mano de Dios dice adiós

Pocos saben esto, pero el Mundial de Futbol de México 1986 fue en realidad mi primer mundial. El que haya visto con un entonces muy joven padre los juegos en muchas partes del país por la tele fue significativo porque con ello empezó una, hasta hoy, tradición de solo ver los juegos de balompié cuando llega la época de la Copa del Mundo.

Un entonces joven Diego Armando Maradona. Imagen: https://www.viveusa.mx/

Menciono el Mundial de 1986 porque ahi fue donde conocí a Diego Armando Maradona. ¡Ya saben! El Diego de la Gente, aquel al que, incluso en su natal Argentina, se le erigió hasta una iglesia donde él es la máxima figura de adoración y reverencia, quizá porque en el juego que le dio el triunfo a la selección del país sudamericano, hubo una jugada polémica que incluía la mano para llevarla a cabo (cosa que en el futbol soccer es una falta al reglamento del juego), a la cual se le apodó eternamente como la Mano de Dios.

Diego Armando fue una leyenda viva del más popular juego deportivo del planeta: irreverente, luchón, polémico. Diego no se quedaba con nada en la boca: era directo, franco… una persona a la cual podías admirar y que podías idolatrar como una de las más influyentes de la década de 1980. Pero, aunque su estatus de súperestrella siempre estuvo presente en la hinchada de Argentina y del mundo (muchos lo colocaron al nivel de Edson Arantes do Nascimento, el siempre popular Rey Pelé, que también se consagró en la edición de 1970, jugada aquí por cierto), la realidad era que Diego tenía más vicios que virtudes.

La caída de Maradona tras su partido final en México involucró, principalmente, el uso de estupefacientes y muchos años de consumo de drogas, que fue muy posiblemente por lo cual se le conoció después de acabada su carrera deportiva. También el sobrepreso jugó un papel importante, pues aunque Diego no era un hombre flaco, el rápido y súbito aumento de peso acabó con la figura de alguna manera atlética que se le vio en las canchas.

Diego Armando Maradona como director técnico de los Dorados de Sinaloa. Imagen: https://www.mediotiempo.com/

Sin embargo, el ir solo sobre lo malo puede demeritar esta editorial, amigo lector, y eso es algo que no pretendo. A pesar de los infortunios que el máximo jugador de Argentina en su tiempo sufrió (y vaya que sufrió las de Caín) él se supo mantener actual en lo posible: llegaron las direcciones técnicas de variados equipos, una de las cuales en años recientes fue la de los Dorados de Sinaloa; su faceta de presentador en un programa televisivo que solo por nombre hacía honor a la Mano de Dios; y hasta de comentarista deportivo estilo invitado especial llevaron a Diego a más oportunidades que supo tomar bien.

Hoy, de manera sorpresiva y tremenda, Diego hizo lo que siempre: retirarse como solo él pudo. Tras un tiempo hospitalizado, doce días atrás Maradona había sido dado de alta. Y hoy, a los 60 años de edad, uno de los deportistas más influyentes del siglo pasado perdió la vida debido a un paro cardiorrespiratorio, rodeado de su familia.

Para mí, Diego Armando Maradona fue el primer héroe del fútbol que vi. Fue ese huracán dirigido que pocas veces se ve. Maradona fue el rey, el grande. Diego fue sin duda, para el fútbol argentino, la leyenda más grande y el hombre más significativo. Hoy, para muchos como Horacio Pagani, comentarista deportivo, el deceso del Pibe de Oro implica la muerte del fútbol.

Descansa en paz, Diego. No solo se queda el recuerdo y la épica, sino que la leyenda de tu grandeza perdurará en el corazón de muchos.

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