Columna Opinión

Desde el Faro: La tormenta por venir.

Una historia que comienza con una serie de problemas sociales es algo que en literatura siempre pone un toque de entrada que va de lo emocionante a lo escalofriante, de acuerdo al ritmo que el escritor le ponga. Y es que, en la ficción, las protestas sociales siempre son catalizadoras, igual que en la vida real, de revoluciones y cambios en la sociedad que pueden llevar a hacer una crítica de si misma o la antesala a un futuro incierto.

Ejemplos de ello se pueden ver en películas como The Purge, Los Juegos del Hambre, o el terrible futuro distópico que se publicó en las páginas de The Uncanny X-Men #141-142 de 1981, donde el asesinato de un candidato presidencial provoca que los robots cazadores de mutantes conocidos como Centinelas, acaben con la población de seres superpoderosos tras el pase de un acta de control que crea una regulación que termina acabado también con los humanos normales ante el puño de hierro de los autómatas.

George Floyd, fallecido el 25 de mayo en Minneapolis. Imagen: https://www.bbc.com/

Sin embargo, no pretendo ser tan oscuro en mis letras, pero sí busco poder compartir mi opinión ante algo que apenas si está cayendo en veinte: el cómo las protestas que han aparecido tras el asesinato del afroamericano George Floyd en Minneapolis el pasado 25 de mayo (y cuyas notas hemos presentado aquí en Noticias el Faro), a manos de un policía de raza blanca, pueden propagar casos de COVID-19 por lo largo del país.

Sí, el asesinato de Floyd es una muestra despiadada y horrenda de un problema que siempre ha existido en el vecino país del norte y que incluso fue factor importante de la Guerra Civil que sufrió el territorio en el siglo XIX. Y el que esto se haya presentado ante el actual escenario pandémico que tomó por sorpresa al planeta entero y que sigue desarrollándose, es un punto que está definiendo el futuro de Estados Unidos, políticamente hablando, hacia la elección que el presidente actual, Donald Trump busca volver a ganar.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. Imagen: https://www.politico.com/

Trump, un empresario y personalidad de televisión que ganó las elecciones a Hillary Clinton, esposa de un expresidente, entró a la política de manera apabullante y cuyo discurso duro, de retórica claramente antipática hacia las minorías, es una fuerza extraña en el Estados Unidos de hoy. Al aparecer la pandemia, tuvo un momento de preocupación por el pueblo al que gobierna, ordenando el cierre de fronteras y buscando ayudar a los contribuyentes a poder navegar entre la zozobra y el miedo que los reportados efectos mortíferos de la cepa de coronavirus supone.

Pero en un país donde la tasa de mortandad ha crecido terriblemente (Nueva York es una de las ciudades y estados con un alto índice de fallecido por COVID, por ejemplo), el enojo del pueblo por un asesinato injusto y premeditado, se ha expresado por medio de violentas manifestaciones que terminaron llevando a Trump a esconderse de incornformes con su manejo del problema.

Y no es para menos: Mr. Trump se ha dedicado a buscar cristianos para su Roma incendiada al, por ejemplo, interferir en la soberanía de los estados del país que dirige en cuanto a ala reactivación de su economía; al brotar el estado de emergencia social en estados como Arizona y Minnesota, el presidente le echó la culpa a sus gobernadores por lo que el percibió como incompetencia al no saber controlar a las ciudades afectadas por el espíritu de inconformidad que inspiró la muerte del residente de Minneapolis.

Hacker de Anonymous.
Imagen: https://www.eltiempo.com/

Y, como si no fuera suficiente para él, el resurgimiento de Anonymous y sus declaraciones y evidencias sobre diversos temas en los que hasta él se ha visto involucrado, está mermando la poca buena opinión pública que logró con sus acciones tempranas hacia como abordar la pandemia.

Pero lo alarmante, a fin de cuentas, no es el que pierda o gane la elección el presidente, sino el disparo en casos de COVID-19 por las manifestaciones en por lo menos 140 ciudades de la Unión Americana. Las masas de personas que han aprovechado para expresarse de manera violenta y furiosa pudieran ser catalogadas como portadores del virus, y podrían registrarse, de continuar así, una subida enorme de casos que pudiesen ser positivos en cuanto a propagación e infección del mismo.

Trump necesita o de suerte o de milagros para lo que se avecina, y el panorama jamás se había visto tan negro para un presidente de corte republicano. La Operación Tormenta del Desierto o las invasiones al Golfo Pérsico palidecen ante algo que ha sido más tremendo que las acciones de los Bush o la necedad de Richard Nixon por el conflicto que suscitó la Guerra de Vietnam.

¿Trump quería ser presidente? Bueno, lo es. ¿Que sucederá después? Hay que estar al pendiente de los próximos días.

El Cuidador del Faro mantiene las luces encendidas para el próximo navío.

1 comentario

  1. Gracias por compartir su opinión, es algo que creo nos ayuda a ver las cosas desde un punto analítico de los sucesos.

    También comparto la opinión de que ésto afecta mucho la imagen del presidente ante el público, no sólo en si país sino internacionalmente.

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